En vivienda, lo más habitual es revisión periódica cada 2 años (según criterios del RITE en muchas guías de consumo), y además la inspección de la instalación de gas suele ser cada 5 años. Aunque no sea “cada año” por obligación, una revisión anual preventiva reduce averías y mejora rendimiento, sobre todo antes del invierno
No es obligatorio “un contrato” como tal: lo importante es cumplir revisiones/inspecciones en plazo. Puedes hacerlo con tu compañía o con un servicio técnico autorizado independiente (como Donsat).
Normalmente incluye: comprobación de seguridad, presiones y estanqueidad, revisión de componentes clave, revisión/ajuste de combustión (especialmente en condensación) y verificación general del funcionamiento. Puede incluir emisión de justificante/certificado según el servicio y normativa aplicable.
Depende de la avería y piezas. Como referencia frecuente: intervención + desplazamiento suele moverse en un rango aproximado (p. ej. 80–150€) y reparaciones más complejas pueden subir bastante, especialmente si hay sustitución de componentes. Para hacerse una idea, existen tablas orientativas por tipo de reparación (bomba, sonda, encendido, etc.)
Muchas incidencias comunes se resuelven en la misma visita si no hace falta un repuesto específico. Si hay que pedir pieza o hacer una reparación compleja, puede requerir segunda visita. (En SEO, esta FAQ suele convertir muy bien si añades “servicio urgente” y “misma tarde”).
Causas habituales: presión baja, fallo de termostato/sonda, intercambiador sucio, o válvula de tres vías atascada (en mixtas). Si además hay errores en display, conviene diagnóstico técnico.
Suele apuntar a: termostato o configuración, válvula de tres vías, bomba, o incluso tarjeta electrónica (si no “obedece” al termostato o da fallos intermitentes). En estos casos, mejor revisión por SAT.
Depende del equipo, pero el problema típico es la bajada de presión: se nota porque los radiadores rinden peor o la caldera entra en bloqueo. Si la presión cae repetidamente, puede haber microfugas o incidencias en el circuito/vaso de expansión y conviene revisión.
Si es ocasional, puede ser purga/ajuste; si es frecuente, suele haber fuga, purgadores, vaso de expansión o válvulas. Lo recomendable es diagnóstico para evitar daños y paradas en pleno invierno.
Lo más común es aire en el circuito (toca purgar) o problemas de circulación (bomba, equilibrado). Si tras purgar sigue igual, se revisa presión, bomba y estado del circuito.
Puede ser aire, cal, problemas de bomba o circulación. Si el ruido es nuevo y persistente, conviene revisión porque suele estar asociado a rendimiento bajo y riesgo de avería.
Una llama anómala puede indicar combustión incorrecta. Por seguridad y eficiencia, es motivo para revisar (ajuste de combustión y estado general).
Primero: revisa si viene de una descarga puntual (por presión alta) o si es goteo continuo. Si persiste, apaga y llama a un técnico, porque puede estar actuando la válvula de seguridad o existir fallo de llave de llenado u otras piezas.
Se suele valorar: antigüedad (p. ej. más de 10 años), frecuencia de averías, coste acumulado, consumo y disponibilidad de repuestos. Si hay reparaciones repetidas y caras, a veces compensa cambiar por eficiencia y fiabilidad.
Muy repetidas: falta de presión, problemas de encendido, cambios de temperatura, fugas, ruidos, válvula de tres vías, llave de llenado y bomba (según modelo y uso).
No. Muchas guías diferencian revisión de caldera (frecuente bienal) de inspección de la instalación de gas (frecuente cada 5 años). Son cosas distintas y con responsabilidades distintas.
Debe hacerlo un técnico autorizado/cualificado. Como usuario, puedes elegir empresa mantenedora (no estás obligado a hacerlo con la comercializadora).
Acciones básicas y seguras suelen ser: vigilar presión, purgar radiadores si sabes hacerlo, revisar que el termostato tenga pilas y esté bien programado. Si hay olor a gas, fugas o errores recurrentes, toca técnico. (Para lo legal/seguridad, mejor no “tocar” combustión ni partes internas).
Sí: la demanda y urgencias se disparan en olas de frío. Una revisión preventiva antes de temporada reduce paradas y mejora rendimiento. (Esta FAQ posiciona muy bien con “mantenimiento caldera antes del invierno”).
El mantenimiento de un aire acondicionado debería realizarse al menos una vez al año si es uso doméstico habitual, y cada 6 meses en entornos con mucho polvo, mascotas o uso intenso. El mantenimiento regular incluye limpieza de filtros, comprobación de niveles, estado de serpentines y ajustes que optimizan el rendimiento y alargan la vida útil del equipo.
Un mantenimiento preventivo garantiza que tu sistema funcione con mayor eficiencia energética, evitando averías costosas, reduciendo consumo y mejorando la calidad del aire interior. Además ayuda a prevenir problemas como malos olores o fallos eléctricos.
El servicio técnico autorizado (como Donsat) suele incluir:
Limpieza profunda de filtros y serpentines.
Revisión y ajuste del nivel de refrigerante.
Comprobación del drenaje, bandeja y bomba de condensados.
Chequeo de componentes eléctricos y seguridad.
Pruebas de rendimiento y certificación final (si corresponde).
Algunos signos de avería son:
Unidad que no enfría o enfría poco.
Ruidos extraños (clics, vibraciones, silbidos).
Olores desagradables o moho.
Fugas de agua o del refrigerante, o que consume mucha energía.
Si notas alguno de estos síntomas, lo más seguro es solicitar diagnóstico técnico.
Puedes limpiar los filtros regularmente y asegurarte de que las salidas de aire no están bloqueadas. Sin embargo, evita manipular el gas refrigerante o componentes eléctricos internos: estas intervenciones deben hacerlas técnicos cualificados.
Causas frecuentes:
filtros sucios que bloquean el flujo de aire;
falta de nivel de gas refrigerante;
serpentines obstruidos o fallo del compresor.
Un diagnóstico técnico determinará la causa exacta y la solución más adecuada.
El coste de una reparación depende del tipo de avería y las piezas necesarias. Problemas como recarga de gas refrigerante o limpieza pueden tener un coste moderado, pero fallos de compresor o tarjetas electrónicas pueden elevar el precio. Siempre es recomendable solicitar presupuesto previo.
Muchas reparaciones comunes (limpieza, ajuste de sensores, recarga de gas) pueden resolverse en la misma visita, si hay disponibilidad de piezas. Averías más complejas pueden requerir una segunda visita para pedir repuestos.
Filtros sucios reducen la eficiencia del sistema y pueden generar malos olores o problemas de salud, además de incrementar el consumo de energía y acelerar el desgaste de partes internas.
Además del mantenimiento de la unidad interior, estos sistemas requieren revisión del sistema de tuberías, drenaje y unidades exteriores — componentes que suelen acumular polvo y afectan directamente al rendimiento y consumo.
Antes de la temporada de uso intenso (primavera/verano) es ideal para asegurar que el equipo esté listo para altas demandas de enfriamiento.
Ruidos al arrancar pueden ser normales, pero si son persistentes, pueden indicar falta de lubricación, piezas sueltas o problemas de motor. Una revisión técnica puede identificar el origen y corregirlo.
La recarga solo es necesaria si el sistema tiene una fuga o la carga está baja. En estos casos, un técnico localizará y solucionará cualquier fuga antes de recargar gas refrigerante para asegurar un funcionamiento seguro y eficiente.
Sí, pero un uso prolongado sin mantenimiento puede acelerar el desgaste. Ajustar la configuración (p. ej. uso de modo Eco) y mantener revisiones periódicas ayuda a mantener la eficiencia y evitar averías prematuras.
Los principales factores son falta de mantenimiento, uso en ambientes con polvo/contaminación, fluctuaciones eléctricas y ubicaciones con mala ventilación. Programa revisiones periódicas para evitar desgastes prematuros.
Se recomienda realizar mantenimiento de aerotermia una vez al año. Aunque estos sistemas requieren menos mantenimiento que una caldera tradicional, una revisión anual previene averías, mejora la eficiencia energética y alarga la vida útil de la bomba de calor.
No es obligatorio por ley en viviendas unifamiliares, pero sí es altamente recomendable. Además, muchos fabricantes exigen mantenimiento periódico para conservar la garantía del equipo.
Un mantenimiento profesional suele incluir:
Revisión de la unidad exterior
Limpieza de intercambiadores y filtros
Comprobación del circuito hidráulico
Verificación de presiones y temperaturas
Chequeo eléctrico y de control
Detección preventiva de posibles fallos
Las causas más habituales son:
Falta de mantenimiento
Configuración incorrecta
Aire en el circuito
Problemas en sensores o válvulas
Rendimiento limitado por suciedad en la unidad exterior
Un técnico especializado puede detectar el problema rápidamente.
Las averías más frecuentes en aerotermia son:
Fallos en sensores de temperatura
Problemas de circulación de agua
Errores electrónicos
Congelación de la unidad exterior
Pérdida de rendimiento por suciedad
La mayoría se evitan con mantenimiento preventivo.
El coste depende del tipo de avería. Reparaciones sencillas (ajustes, sensores, limpieza) son económicas, mientras que fallos electrónicos o componentes mayores pueden encarecer la reparación. Siempre es recomendable solicitar diagnóstico y presupuesto previo.
Con un uso correcto y mantenimiento regular, un sistema de aerotermia puede durar entre 15 y 25 años. La falta de revisiones reduce significativamente su vida útil y eficiencia.
El usuario puede realizar tareas básicas como:
Mantener limpia la unidad exterior
Comprobar que no haya obstáculos
Vigilar presiones si el sistema lo permite
Las revisiones técnicas internas deben realizarlas técnicos cualificados.
El mejor momento es antes del invierno o del verano, cuando el sistema va a trabajar con mayor carga. Así se evitan averías en los meses de mayor demanda.
Si el sistema tiene menos de 12-15 años y la avería es puntual, reparar suele ser la mejor opción. Cuando las averías son recurrentes o el consumo se dispara, conviene valorar sustitución o actualización del equipo.